Este verano hemos trabajado en una nueva versión de nuestra web www.lacelula.es. No se trata de un gran cambio respecto a su contenido anterior pero introduce algunas novedades como la presentación del equipo de Lacélula. En este punto queremos agradecer el trabajo de nuestro amigo Rodrigo Vargas. Este fotógrafo amante del formato analógico y las cámaras antiguas nos ha provisto de una fotos que, al menos a nosotros, nos gustan mucho. Desde aquí volvemos a agradecerle el cariño y el cuidado que dedicó a este trabajo.martes, 6 de septiembre de 2011
Limpieza de cara
Este verano hemos trabajado en una nueva versión de nuestra web www.lacelula.es. No se trata de un gran cambio respecto a su contenido anterior pero introduce algunas novedades como la presentación del equipo de Lacélula. En este punto queremos agradecer el trabajo de nuestro amigo Rodrigo Vargas. Este fotógrafo amante del formato analógico y las cámaras antiguas nos ha provisto de una fotos que, al menos a nosotros, nos gustan mucho. Desde aquí volvemos a agradecerle el cariño y el cuidado que dedicó a este trabajo.jueves, 1 de septiembre de 2011
Lacélula reloaded
Volvemos y nos disponemos a afrontar el otoño con fuerzas renovadas, aunque aún conservemos el recuerdo en nuestra retina del mar y el verde. Sí, nos hemos escapado lejos de la ciudad en la medida que hemos podido para regresar con la mente clara y un poco menos de contaminación en los pulmones.
Del verano, nos quedamos como todos con la libertad de los horarios y el viaje pero también con las lecciones que nos deja esta pausa. Primero, recordar que pueden existir otros tiempos, otros ritmos vitales. Lo notamos en las vacaciones y regresamos al trabajo como a las galeras porque no sólo perdemos el descanso sino que recuperamos un ritmo que a duras penas conseguimos mantener. Luchemos por ser eficientes en horarios de trabajo razonables y seremos una sociedad más sana. Nosotros al menos así lo entendemos y estamos trabajando por adaptar esta visión a nuestro propio proyecto empresarial, tarea nada sencilla pero creemos que posible.
Segundo, existe un mundo fuera de la ciudad. Los habitantes del asfalto vivimos lejos de la naturaleza y esa distancia no contribuye a que apreciemos bien cuánto dependemos de ella. Lección para el invierno: tener presente toda la belleza de nuestros viajes y proteger con nuestros hábitos y nuestros trabajos el mundo que conocemos. Si queremos regresar a un mar limpio, disfrutar del frescor y el silencio del bosque de nuestra infancia o conocer el exotismo de lugares y gentes lejanos, tengamos presente que necesitan que compremos con juicio y usemos los recursos con cuidado.
Además, en vacaciones se hace más patente el olvido que vive el mundo rural. El verano de alguno de nosotros nos reafirma en esta idea: vivimos de espaldas al campo y, con ello, además de menospreciar el lugar de origen de muchas de las cosas que nos resultan imprescindibles en nuestro día a día, estamos perdiendo modos de hacer y de vivir que será difícil que permanezcan. Se sabe poco de estos esfuerzos pero cada día es más crítica la labor de todas aquellas personas e iniciativas que luchan porque esto no suceda abriendo nuevos caminos de la ciudad al campo y del campo a la ciudad. Merecen todo nuestro apoyo.
Finalmente, los más afortunados encuentran en sus vacaciones una nueva inspiración y la voluntad de regresar para realizar cambios. Esa es la energía que necesita esta sociedad agotada por la crisis y la complejidad de los problemas. Desde aquí una invitación a imaginar y avanzar lejos del miedo. Reinventemos lo que ha dejado de funcionar y tengamos el arrojo de creer que pueden existir alternativas a las estructuras y tecnologías que usamos, y a las formas de trabajar, prosperar y vivir que conocemos.
Feliz regreso al trabajo.
lunes, 1 de agosto de 2011
Ya no somos buscadores de oro
¿A quién pertenece un bosque que ha tardado miles de años en crearse?
¿Un yacimiento de petróleo que ha necesitado millones?
¿El agua, que se purifica y se renueva gracias al funcionamiento de los ecosistemas?
o ¿el aire que está en todas partes y no entiende de fronteras?
Venimos de una visión del mundo donde los recursos eran abundantes, aparentemente infinitos. La naturaleza por grande e incontrolable era un espacio para la conquista donde cada intervención humana se percibía como una victoria por la supervivencia.
Ese mundo está ya muy lejos. Hemos sido tan tenaces en nuestra domesticación del entorno que hemos acabado por ponerlo en peligro y a nosotros con él. Debemos abandonar definitivamente esta forma de ver las cosas.
Un paso para cambiar esa cultura podría ser cuestionarse cómo se puede ceder sin apenas condiciones la explotación de bienes naturales de valor incalculable o consentir la alteración de ecosistemas únicos para el beneficio de un negocio individual.
Todos necesitamos los ríos, las montañas, los bosques, el aire y el agua para vivir pero unos pocos los explotan sin que analicemos el alcance de su intervención. El patrimonio natural de la Tierra es del conjunto de la humanidad y además está interconectado. Todos acabaremos por respirar el aire que contaminan en China y veremos desaparecer parte de la costa por la descongelación de los polos.
Entidades como el Grupo ETC observan y denuncian los proyectos que promueven las intervenciones a gran escala en la naturaleza como respuesta a los problemas ambientales que están surgiendo y ante la búsqueda desesperada de materias primas.
Su labor es pequeña pero apuntan hacia uno de los temas que más debieran inquietarnos. Hay una auténtica carrera por hacerse con los recursos, aunque sea a costa de destruir y contaminar más. La inercia no se detiene se acelera. Un buen ejemplo ello es el empeño voraz por encontrar petróleo y gas, o la impaciencia con la que varios países y sus empresas parecen esperar la descongelación del Polo Norte.
No parece que el futuro de la mayoría importe mucho para algunos. La fiesta no puede acabar. Quieren seguir buscando su oro.
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