viernes, 29 de junio de 2012

De nuevo con los emprendedores sociales



Retomamos nuestra colaboración con una iniciativa que nos encanta: Momentum Project.

BBVA y ESADE lanzaron este proyecto el año pasado para promover el emprendimiento social en España. Momentum Project actúa en dos direcciones. Por una parte, selecciona cada año  a diez emprendimientos sociales que necesitan apoyo y financiación para crecer. Por otra, fomenta la creación de un  ecosistema de apoyo al emprendedor social, hilando una red de apoyo, reflexión y networking que alimente la cultura del emprendimiento social en España.

                        
Así es como el año pasado pudimos conocer a Moltacte, Teixidors, La Tavella, DAU, Gran Vallés, Lamastelle, Sostre Civic, Naturix, Roba Amiga y Catering Solidario, y contar su  historia.

Estamos deseando conocer a los emprendedores de esta edición. Seguro que su experiencia nos inspira tanto como la de los proyectos del año pasado. Os animamos a conocer sus historias en el blog del proyecto. 

viernes, 9 de marzo de 2012

Los ecosistemas, sus servicios y qué tiene que ver esto con las empresas

El lenguaje de la sostenibilidad evoluciona rápido y nuevos conceptos se suman constantemente, la mayor parte migran del ámbito científico a otras disciplinas que necesitan definir qué hace la naturaleza por nosotros.

[Aclaración: sostenibilidad no es sólo protección del medio ambiente, eso vaya por delante una vez más, pero sí lo sostenible es irremediablemente considerado con el medio ambiente].

Esto explica por qué se habla últimamente con creciente insistencia de los servicios que nos prestan los ecosistemas. A nosotros nos resulta chocante la concepción de que la naturaleza nos presta servicios pero lo cierto es que se trata de una forma inteligente de intentar reconciliar economía y medio ambiente. Valgan las palabras para unir lo que desastrosamente el hombre separó.

Aclaremos, por tanto, a qué se refieren estos servicios. Los ecosistemas nos prestan servicios de valor incalculable como el agua dulce, la madera, la regulación del clima, la protección de riesgos naturales, el control de la erosión y las actividades recreativas. Para mantenerlos es fundamental la preservación de la biodiversidad. La pérdida de variedad de organismos vivos perjudica a los ecosistemas, degradándolos e incluso provocando su colapso. 

Hayedo de Ordesa
Según informa WWF los ecosistemas forestales ocupan en la actualidad unos 3.866 millones de hectáreas, casi una tercera parte de las tierras emergidas del planeta, lo que equivale a la mitad de la superficie que ocupaban hace unos 8.000 años. Se pierde el equivalente a 40.000 campos de fútbol al día de superficie de bosques.

Esta realidad no ha sido todavía asumida ni en las cuentas estatales ni en aquellas particulares de las empresas, por tanto, tampoco trasciende de forma suficiente en las decisiones de gobierno ni en la gestión empresarial. Así al menos lo valoran voces que provienen del propio mundo empresarial como es el Aldersgate Group (AG), una alianza de líderes empresariales, sociales y políticos que realizan actividades para promover una economía sostenible en el Reino Unido.

De ellos nos gusta su perspectiva en el análisis y la concreción de sus propuestas en aquellos asuntos que deciden tratar. Así, recomendamos su publicación "Pricing the Priceless: The business casefor action on biodiversity" publicada en noviembre. El documento es el punto de partida para un proyecto que pretende concienciar al Gobierno británico y a las empresas del Reino Unido sobre la urgencia de corregir una contabilidad que concibe como ganancia la destrucción de activos naturales que potencialmente pueden generar beneficios perpetuos si son protegidos.
AG intenta poner en evidencia que cualquier actividad empresarial depende de alguna manera de los ecosistemas y de sus servicios y que, por tanto, el futuro de las economías pasa por la protección de estas unidades funcionales de vida natural.

Los desiertos, arrecifes de coral, humedales, bosques lluviosos, praderas, parques urbanos o tierras de cultivo son ejemplos de ecosistemas y en el conjunto del planeta no se puede decir que su estado sea bueno. Actualmente, la mayor parte de los hábitats naturales muestran signos graves de degradación, el tamaño de poblaciones de flora y fauna salvajes está disminuyendo, y el suelo, el aire y el agua están cada vez más contaminados, tal como revela el estudio de la Comisión Europea “The Economics of Ecosystem and Biodiversity” (TEEB) o la iniciativa  “The Millennium EcosystemAssesment” promovida por Naciones Unidas.

El Aldersgate Group aporta cinco recomendaciones para cambiar esta tendencia desastrosa, cuatro de ellas se dirigen al Gobierno británico, una a las empresas. Esta última es la que dejamos aquí para la reflexión.

“Las empresas debieran asumir el liderazgo en esta materia y calcular su impacto sobre la biodiversidad y los servicios que ofrecen los ecosistemas, así como su dependencia de ellos, e incorporar a la gestión medidas que garanticen un uso sostenible de los recursos naturales.”

Para saber más:
La Fundación Entorno-BCSD España, con la colaboración de Fundación Biodiversidad, ha desarrollado la versión en español de esta publicación, realizada por el World Business Council for Sustainable Development.2011




martes, 7 de febrero de 2012

Viajes circulares

“Birmingham Big Wheel”. Photo by elle brown. 


Acercarse a las cifras del proyecto conocido como Eurovegas o el “macrocasino” es sinónimo de sufrir un mareo instantáneo. En nuestro caso, tras el mareo viene el desconcierto y, luego, la indignación.

Pero situémonos. El proyecto del que os hablamos seguro que ya os suena a muchos de vosotros. Se trata del plan que el multimillonario estadounidense y magnate de la industria del juego Sheldon Adelson quiere desarrollar en España y, concretamente, parece que en Madrid.

Su intención es la de crear un macrocomplejo que congregue hoteles, casinos, campos de golf, estadios y otras infraestructuras pensadas para el ocio en nuestro país, invirtiendo para ello 16.900 millones de euros, que generarían, según los estudios de impacto previos desarrollados, alrededor de 260.000 empleos. En Madrid, esto supone acabar de un plumazo con aproximadamente la mitad del paro de la región.

Sin embargo, para que Adelson se decida a hacer esta inversión en Madrid, antes exige una serie de condiciones que, llegado el caso, podrían implicar incluso cambios legislativos. Sirvan como ejemplos la exigencia de relajar las condiciones laborales para contratar –modificando incluso el Estatuto de los Trabajadores-, o que se le cedan de forma gratuita 5,8 millones de metros cuadrados de terreno -algo que prohíbe la ley-. Por no hablar de la propuesta de Adelson para que sus inversiones y ganancias queden en buena medida libres de impuestos. Cambios que, aunque sorprendentes a primera vista, algunos de los poderes públicos implicados (Comunidad de Madrid, Gobierno, ayuntamientos) parecen estar dispuestos a tener en cuenta sin demasiado escrúpulo. Lo cual es más chocante aún.

Si se quiere profundizar más en lo peculiar de este proyecto siempre puede acudirse a la prensa diaria, que lleva abordando desde hace meses este asunto. Pero, más allá de las cifras y otras singularidades del caso, lo que nos asombra es la naturalidad con que se ha asumido que se trata de un proyecto positivo dado el contexto en que nos encontramos. ¿Pero este es el tipo de empleo que debemos generar? ¿Estamos dispuestos a llevar a este punto la pérdida de derechos laborales y protecciones jurídicas que tanto nos ha costado conquistar? ¿Volveremos a hipotecar el futuro con decisiones económicas que comprometen el bienestar de los que están por venir? ¿No existen otras soluciones para salir de la crisis? ¿Esta es la única economía que estamos dispuestos a impulsar?

Buena parte de la culpa de que estemos en la situación actual la tiene nuestra manera analizar los asuntos que tienen impacto en el futuro. A menudo centramos nuestra visión en el corto plazo. Pretendemos salir del agujero agarrándonos a lo primero que aporte algo de luz, decidiendo rápido (que no bien), siendo resolutivos… y pasamos por alto el hecho de que soluciones como esta son -desde el punto de vista económico pero también social, laboral, ambiental, etc.- pan para hoy y hambre para mañana. ¿Por qué parece tan difícil en este país invertir sin un retorno inmediato, prever y diseñar escenarios mejores, apostar por transformaciones de mayor calado pero con mayor beneficio colectivo? La crisis ha dejado patentes nuestros límites en este sentido y el estimulo irreflexivo que provoca iniciativas como las del Sr. Adelson nos enfrentan a ellos. Este proyecto es paradigmático de un modelo de desarrollo indeseable y seguir su senda nos condena al eterno retorno, a un viaje que nos lleva al punto de partida.

Ojalá la propuesta termine por no salir adelante y nos quedemos en la indignación pero no en la decepción.


Para saber más sobre el proyecto Eurovegas:

Reportaje “Las claves del Las Vegas madrileño” publicado en El País:

 
Información en otros medios: